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¿Qué es DMPR?

Tras 15 años como nadador federado, un servidor ha aprendido lecciones valiosas que le han ayudado a llegar con orgullo hasta donde lo ha hecho. La idea es transmitir estos conocimientos a los nadadores que están en la fase crítica de la natación: esa en la que se deja de mejorar cada vez que se nada, aparece la frustración y nuevos estímulos externos pueden hacer que se abandone el deporte. Se trata de cosas que ha aprendido por sí mismo y que le habría gustado que alguien se las hubiera contado antes. Precisamente, esto es lo que se pretende con este blog. Ayudo a deportistas en general y nadadores en particular a sobrellevar la presión mental del entrenamiento del día a día y a afrontar emocionalmente una competición. También organizo talleres enfocados a grupos para transmitir cómo encontrar el disfrute en el entrenamiento de alto rendimiento permanecer en el deporte de manera sostenible a largo plazo.
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1. Disfruta

La natación, como cualquier deporte, puede ser exigente, agotadora e incluso frustrante. Pero en medio de esos entrenamientos interminables y las competiciones llenas de nervios, hay una verdad fundamental que solemos pasar por alto: cuando disfrutamos de lo que hacemos, sacamos lo mejor de nosotros mismos. ¿Por qué es tan importante disfrutar? Porque cuando uno se divierte en lo que hace, las sesiones de entrenamiento se vuelven menos pesadas; las competiciones, menos estresantes; y los retos, menos insuperables. Además, cuerpo y mente trabajan en mejor sintonía, lo que naturalmente mejora el rendimiento. Al final, el disfrute no es solo el "extra" que añadimos al deporte, es el motor que lo hace sostenible. Al hacerlo, el cerebro libera gran cantidad de químicos que resultan placenteros: dopamina, serotonina, adrenalina, endorfinas… Estos son como gasolina super para el cuerpo. Son adictivos y actúan como catalizador para todo lo demás. El cuerpo nos va a pedir ...

2. Confía en tu entrenador

A ojos de un entrenador, una competición no es tan distinta de una partida de cartas de varios jugadores. En esta analogía, cada jugador de la partida representa el entrenador de un equipo y cada carta sería equivalente a un nadador. La partida que se juega consiste en ganar el mayor número de rondas posible. En cada ronda, cada jugador muestra una carta de la mano que tiene. El que haya enseñado la carta con el valor más alto, gana la ronda. Pero las cartas utilizadas en cada ronda ya no pueden volver a utilizarse en la partida. La partida termina cuando se han enseñado todas las cartas que tiene cada jugador. En este paralelismo, no es muy difícil darnos cuenta de que el jugador que tenga más cartas y de valor más alto tendrá más ventaja a la hora de ganar el juego. Sin embargo, todos los jugadores deben medir cuidadosamente cuándo utilizar las cartas más valiosas para asegurar ganar el mayor número de rondas posible (sería un desperdicio ganar una ronda con un 10 cuando el opone...

3. Ponte objetivos

Solo una pregunta: ¿Por qué nadamos? Sí, porque nos gusta o nos lo pasamos bien con nuestros compañeros. Pero, aunque nos guste nadar, seguro que no nos gusta levantarnos a las 5 de la mañana para ir a entrenar. Seguro que hay muchos días que lo último que nos apetece después de clase es meternos en la piscina y comernos 6000 m. Seguro que odiamos llegar cansados del entreno y tener que estudiar con el bajón de después de hacer 1500 m de medio. En otras palabras; si solo nadásemos porque nos gusta, lo haríamos de otra manera. Entonces, ¿por qué nadamos? Cada uno tendrá su motivo en su cabeza, más claro o difuso. Pero está ahí dentro. Eso que nos hace esforzarnos un poco más es lo que son los objetivos. Ponerse objetivos es fundamental porque nos motiva al darnos un propósito claro y nos ayuda a mantener el foco al centrar los esfuerzos en metas específicas. Además, desarrolla disciplina y constancia al generar hábitos sostenibles. Por si fuera poco, cumplir un objetivo nos sube la ...

4. Tírate a ganar

Habrá quién le cueste más reconocerlo. Pero si hay que elegir entre ganar o perder una competición, un juego, una apuesta o algo similar, todos preferimos ganar. Entonces, ¿por qué no intentarlo? No conozco a nadie que haya echado una partida de Brawl Stars, de Fifa o de Mario Kart que haya jugado sin intentar ganar. ¿Por qué no hacemos lo mismo en el agua? ¿Cuál es la diferencia? A mi modo de ver, tirarse al agua en una competición de natación es exactamente lo mismo que recopilar las 10 gemas con nuestro Brawler favorito. En los dos casos estamos ahí por decisión propia, disfrutamos de la adrenalina que generamos durante la partida (sobre todo en los últimos segundos) y no pasa nada si ganamos o perdemos. Pero, aun así, lo damos todo para intentar ganar, ¿no? Entonces, ¿qué nos impide que en el agua nos tiremos con todo? Pues somos nosotros mismos. La mayoría de las veces, hay un tiempo que tenemos en la cabeza cuando saltamos del poyete. Puede ser una mínima, un récord, una marc...

5. Ten paciencia, levántate

Da igual el nivel de cada uno. Todos vamos a pasar por rachas buenas y rachas malas en nuestra carrera. Esto es completamente normal. A medida que crecemos, nos vamos haciendo más altos y fuertes, nuestra técnica se pule poco a poco y cada vez tenemos más experiencia. Pero eso es solo la parte bonita del espectáculo. Cuanto más nos acercamos a la vida adulta, más exigentes son nuestras responsabilidades, llegamos más cansados del día al entrenamiento y le sacamos menos provecho. Además, es más probable que un tema personal (un examen, el trabajo, conflictos con nuestros amigos o pareja…) no nos deje estar centrados al 100% en la competición y nos salga peor. Por si fuera poco, la probabilidad de hacer un mal movimiento y lesionarnos es cada vez mayor. La vida es un cóctel de todo eso (de lo bueno y de lo malo). A lo largo del tiempo, los ingredientes y proporciones de ese cóctel van a ir cambiando. Por lo tanto, habrá rachas en las que nos guste más su sabor y otras en ...

6. Pide ayuda y déjate ayudar

Tenemos la suerte de ser los protagonistas de nuestras vidas. Pero eso no significa que seamos los protagonistas de una película de Marvel y podamos con todo. Podemos tener la resiliencia mental del Capitán América, pero como él, podemos sangrar. Lobezno puede ser indestructible por fuera, pero nadie lo libra de cargar con traumas que lo hacen sufrir por dentro. Spiderman es un ejemplo de motivación, pero muchas veces tropieza en los momentos clave. La capacidad de la Bruja Escarlata es inmensa, aunque inútil si no sabe cómo canalizarla. Y aunque tuviéramos la determinación de Thanos y 6 gemas del infinito para conseguir nuestro objetivo, podemos estar solos y acabar derrotados por puro desgaste. En el deporte pasa lo mismo. Nadadores legendarios como Michael Phelps han demostrado que ni siquiera los mejores están exentos de necesitar ayuda. Él mismo, por ejemplo, enfrentó episodios profundos de depresión tras los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Llegó a un punto donde pensó que n...