Solo una pregunta: ¿Por qué nadamos? Sí, porque nos gusta o nos lo pasamos bien con nuestros compañeros. Pero, aunque nos guste nadar, seguro que no nos gusta levantarnos a las 5 de la mañana para ir a entrenar. Seguro que hay muchos días que lo último que nos apetece después de clase es meternos en la piscina y comernos 6000 m. Seguro que odiamos llegar cansados del entreno y tener que estudiar con el bajón de después de hacer 1500 m de medio. En otras palabras; si solo nadásemos porque nos gusta, lo haríamos de otra manera.
Entonces, ¿por qué nadamos? Cada uno tendrá su motivo en su
cabeza, más claro o difuso. Pero está ahí dentro. Eso que nos hace esforzarnos
un poco más es lo que son los objetivos.
Ponerse objetivos es fundamental porque nos motiva al darnos
un propósito claro y nos ayuda a mantener el foco al centrar los esfuerzos en
metas específicas. Además, desarrolla disciplina y constancia al generar
hábitos sostenibles. Por si fuera poco, cumplir un objetivo nos sube la
autoestima.
También nos aporta satisfacción y bienestar al experimentar
sensación de autorrealización (volvemos a hablar de disfrutar en la piscina).
Al cerebro le encanta emborracharse de dopamina. Y cumplir objetivos es una de
las mejores maneras de darle su dosis.
Fijar objetivos nos permite medir el progreso, lo que
refuerza la autoconfianza. Y pueden ser literalmente cualquiera que le dé
sentido a hacer todos los esfuerzos que hacemos en una temporada (una mínima,
una medalla, ganar al compañero, bajar tiempo, vencer un miedo personal…). Son
una herramienta realmente potente. Sin embargo, para sacarles el máximo
provecho, es importante definirlos correctamente. Un buen objetivo debe ser
medible, alcanzable y difícil.
Medible: Hay que evitar ambigüedades. Debe estar
acotado lo suficiente como para poder saber si se ha cumplido o no. No es lo
mismo definir como objetivo hacerlo bien o bajar de 1 minuto en 100 libres, en
piscina corta, antes de que se acabe la temporada y sin utilizar bañador
competición. ¿Qué es hacerlo bien? ¿Cómo sé si lo he hecho bien? Hay que
definir el objetivo de tal manera que después podamos objetivamente saber si lo
hemos cumplido preguntándonos simplemente una pregunta cerrada de sí o no.
Alcanzable: Hemos hablado de que los objetivos
cumplidos nos generan bienestar y nos suben la autoestima. Pero, ¿qué pasa si
nunca logramos ninguno? Vamos a tener el efecto contrario. Vamos a empezar a
pensar que no somos capaces de nada y eso va a afectar a nuestro rendimiento,
provocando así que consigamos todavía menos objetivos. Por eso es importante
tener los pies en la tierra. No podemos tener como objetivo ser campeones del mundo
cuando estamos peleando por hacer una mínima de Euskadi. Evidentemente, nos
vamos a frustrar si hacemos esto
Difícil: Que sea alcanzable no significa que esté
chupado. Tiene que implicar que demos algo de nosotros mismos. Tiene que hacer
que nos esforcemos. Solo así vamos a sentir la recompensa emocional de haberlo
logrado que nos hará querer repetir. ¿Qué nos alegra más? ¿Sacar un 5 en la
recuperación de un examen en el que nos estamos jugando el curso o sacar un 10
en un examen de sumas de números de una cifra? Junto con cada objetivo
planteado, debe ir una reflexión sobre la probabilidad que creemos de poder lograrlo.
Teniendo esto último en cuenta, es bueno que definamos
distintas escalas de dificultad ante la misma meta. Por ejemplo, si me toca
nadar 100 L, mi objetivo puede ser intentar bajar mi mejor marca. Pero, aunque
lo vea más difícil, puede ser que no me parezca imposible llegar a hacer una
mínima. No es mi objetivo principal. Así que no tengo por qué sentirme mal si
no lo consigo. Sin embargo, tener vigilada una meta algo más exigente que la principal
nos ayuda a forzarnos un poco más y llegar a ella.
Además de lo anterior, mi consejo es que haya objetivos a
corto, a medio y a largo plazo. ¿Qué quiero hacer esta competición? ¿Y este
ciclo? ¿Y esta temporada? ¿Y después? Por supuesto, cuanto más lejos miremos,
más va a costar definirlo, y va a haber que ir reenfocándolo y definiéndolo
mejor con el paso del tiempo. Pero sí que es bueno tener una idea de hacia
dónde queremos orientarnos. De esta manera, cuando cumplimos un objetivo a
corto plazo, ya sabemos qué es lo siguiente que tenemos que hacer. Mantenemos a
nuestra cabeza siempre distraída con la siguiente meta y evitamos tener que
asomarnos al abismo de que nuestro deporte pierda el sentido para nosotros.
Genial, ya tenemos nuestros objetivos bien definidos. Y
ahora, ¿qué? Lo primero que deberíamos hacer es plasmarlos en algún sitio: una
hoja de papel, el móvil, un póster…donde sea. Pero tiene que ser un lugar que
veamos con frecuencia. Ya hemos hablado de que no todos los días va a ser fácil
esforzarse. Pues precisamente en esos momentos es cuando tenemos que recordar
las metas que fijamos en el pasado.
Finalmente, lo último que tenemos que preguntarnos es: ¿Qué
estamos dispuestos a hacer para conseguirlos? No podemos dejar que alcanzar
nuestras metas sea una cuestión de suerte (ya hablaremos de eso más adelante)
ni que sea el universo el que decida si lo hacemos o no. Conseguirlo depende
principalmente de nosotros. Es una locura hacer siempre lo mismo una y otra vez
y esperar un resultado distinto. Requiere esfuerzo por nuestra parte.
Hay que recordar que la natación no tiene sentido. Somos nosotros quien se lo damos a través de nuestros propósitos personales.

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