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3. Ponte objetivos


Solo una pregunta: ¿Por qué nadamos? Sí, porque nos gusta o nos lo pasamos bien con nuestros compañeros. Pero, aunque nos guste nadar, seguro que no nos gusta levantarnos a las 5 de la mañana para ir a entrenar. Seguro que hay muchos días que lo último que nos apetece después de clase es meternos en la piscina y comernos 6000 m. Seguro que odiamos llegar cansados del entreno y tener que estudiar con el bajón de después de hacer 1500 m de medio. En otras palabras; si solo nadásemos porque nos gusta, lo haríamos de otra manera.

Entonces, ¿por qué nadamos? Cada uno tendrá su motivo en su cabeza, más claro o difuso. Pero está ahí dentro. Eso que nos hace esforzarnos un poco más es lo que son los objetivos.

Ponerse objetivos es fundamental porque nos motiva al darnos un propósito claro y nos ayuda a mantener el foco al centrar los esfuerzos en metas específicas. Además, desarrolla disciplina y constancia al generar hábitos sostenibles. Por si fuera poco, cumplir un objetivo nos sube la autoestima.

También nos aporta satisfacción y bienestar al experimentar sensación de autorrealización (volvemos a hablar de disfrutar en la piscina). Al cerebro le encanta emborracharse de dopamina. Y cumplir objetivos es una de las mejores maneras de darle su dosis.

Fijar objetivos nos permite medir el progreso, lo que refuerza la autoconfianza. Y pueden ser literalmente cualquiera que le dé sentido a hacer todos los esfuerzos que hacemos en una temporada (una mínima, una medalla, ganar al compañero, bajar tiempo, vencer un miedo personal…). Son una herramienta realmente potente. Sin embargo, para sacarles el máximo provecho, es importante definirlos correctamente. Un buen objetivo debe ser medible, alcanzable y difícil.

Medible: Hay que evitar ambigüedades. Debe estar acotado lo suficiente como para poder saber si se ha cumplido o no. No es lo mismo definir como objetivo hacerlo bien o bajar de 1 minuto en 100 libres, en piscina corta, antes de que se acabe la temporada y sin utilizar bañador competición. ¿Qué es hacerlo bien? ¿Cómo sé si lo he hecho bien? Hay que definir el objetivo de tal manera que después podamos objetivamente saber si lo hemos cumplido preguntándonos simplemente una pregunta cerrada de o no.

Alcanzable: Hemos hablado de que los objetivos cumplidos nos generan bienestar y nos suben la autoestima. Pero, ¿qué pasa si nunca logramos ninguno? Vamos a tener el efecto contrario. Vamos a empezar a pensar que no somos capaces de nada y eso va a afectar a nuestro rendimiento, provocando así que consigamos todavía menos objetivos. Por eso es importante tener los pies en la tierra. No podemos tener como objetivo ser campeones del mundo cuando estamos peleando por hacer una mínima de Euskadi. Evidentemente, nos vamos a frustrar si hacemos esto

Difícil: Que sea alcanzable no significa que esté chupado. Tiene que implicar que demos algo de nosotros mismos. Tiene que hacer que nos esforcemos. Solo así vamos a sentir la recompensa emocional de haberlo logrado que nos hará querer repetir. ¿Qué nos alegra más? ¿Sacar un 5 en la recuperación de un examen en el que nos estamos jugando el curso o sacar un 10 en un examen de sumas de números de una cifra? Junto con cada objetivo planteado, debe ir una reflexión sobre la probabilidad que creemos de poder lograrlo.

Teniendo esto último en cuenta, es bueno que definamos distintas escalas de dificultad ante la misma meta. Por ejemplo, si me toca nadar 100 L, mi objetivo puede ser intentar bajar mi mejor marca. Pero, aunque lo vea más difícil, puede ser que no me parezca imposible llegar a hacer una mínima. No es mi objetivo principal. Así que no tengo por qué sentirme mal si no lo consigo. Sin embargo, tener vigilada una meta algo más exigente que la principal nos ayuda a forzarnos un poco más y llegar a ella.

Además de lo anterior, mi consejo es que haya objetivos a corto, a medio y a largo plazo. ¿Qué quiero hacer esta competición? ¿Y este ciclo? ¿Y esta temporada? ¿Y después? Por supuesto, cuanto más lejos miremos, más va a costar definirlo, y va a haber que ir reenfocándolo y definiéndolo mejor con el paso del tiempo. Pero sí que es bueno tener una idea de hacia dónde queremos orientarnos. De esta manera, cuando cumplimos un objetivo a corto plazo, ya sabemos qué es lo siguiente que tenemos que hacer. Mantenemos a nuestra cabeza siempre distraída con la siguiente meta y evitamos tener que asomarnos al abismo de que nuestro deporte pierda el sentido para nosotros.

Genial, ya tenemos nuestros objetivos bien definidos. Y ahora, ¿qué? Lo primero que deberíamos hacer es plasmarlos en algún sitio: una hoja de papel, el móvil, un póster…donde sea. Pero tiene que ser un lugar que veamos con frecuencia. Ya hemos hablado de que no todos los días va a ser fácil esforzarse. Pues precisamente en esos momentos es cuando tenemos que recordar las metas que fijamos en el pasado.

Finalmente, lo último que tenemos que preguntarnos es: ¿Qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlos? No podemos dejar que alcanzar nuestras metas sea una cuestión de suerte (ya hablaremos de eso más adelante) ni que sea el universo el que decida si lo hacemos o no. Conseguirlo depende principalmente de nosotros. Es una locura hacer siempre lo mismo una y otra vez y esperar un resultado distinto. Requiere esfuerzo por nuestra parte.

Hay que recordar que la natación no tiene sentido. Somos nosotros quien se lo damos a través de nuestros propósitos personales.

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