Ya hemos hablado de que, en este deporte, hay buenas y malas rachas. Hay veces que nos comemos el mundo y otras en las que nos pesa todo. Puede ser por cualquier motivo: una lesión, una enfermedad, haber dormido mal, las agujetas del día anterior, cansancio general… todos estos factores y más contribuyen en distintas proporciones cada día en cómo de bien vamos a soportar el entrenamiento y con cuánta intensidad vamos a poder nadar.
Los días que estamos bien, es muy fácil esforzarse y dar lo mejor mientras entrenamos. Pero cuando no tenemos el cuerpo a tope, lo que nos apetece es no entrenar tan fuerte. Empezamos a pensar que, como no estamos bien físicamente, es imposible que hagamos nuestra mejor marca de entrenamiento. Y por ello, no tiene sentido que nos esforcemos para lograrlo.
Pues siento decir que esto es un error. Los ciclos de entrenamiento contemplan periodos para que nos sintamos dioses. Pero para llegar a eso, tenemos que pasar por otros periodos en los que no nos sentimos tan bien. Son fases en las que el objetivo es llevar al cuerpo al máximo de sus capacidades para superar su límite, y así, mejorar. Por ello, es normal que a veces nos sintamos cansados y con ganas de no darlo todo durante el entrenamiento.
Y precisamente ahí es donde entra lo importante: vaciarse. Vaciarse no es solo darlo todo cuando estás fuerte y con energía. Vaciarse es sacar lo que queda cuando parece que no queda nada. Es decidir dar el máximo incluso cuando el cuerpo pide aflojar. Porque en ese momento, cuando más nos cuesta, es cuando realmente se está construyendo algo.
La ironía es que cuando más cansados estamos (hablo de cansancio. Si hay problemas de salud, la cosa cambia) es cuando más tenemos que esforzarnos. Porque es ahí donde el cuerpo está entrenando realmente. Cuanto más empeño pongamos en este periodo, mejor va a ser el rendimiento y la sensación en la que nos toca sentirnos los reyes del mundo.
Pasado a números, podemos decir que lo bien que lo hagamos en un entrenamiento depende de la suma del estado y nuestra mente. Pongamos que, como máximo, aporta un 50% para llegar a un 100%. Por todo lo que hemos hablado antes, el cuerpo no siempre va a aportar “50 de 50”, habrá veces en las que sea así, pero otras en las que aporte “5 de 50” porque hay muchos factores que no dependen de nosotros. Sin embargo, nosotros sí que somos dueños del 50% que aporta nuestra mente. Ahí está una de las claves para mejorar. Durante el entrenamiento, nuestra cabeza debe dar el máximo siempre, aunque el cuerpo no acompañe. Es normal que a veces no lo haga.
Comentarios
Publicar un comentario