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12. Proyecta tu suerte

 

La mayoría de las personas tiende a sobrestimar su propio esfuerzo en comparación con el de los demás. Este fenómeno, conocido como sesgo egocéntrico, es especialmente evidente en situaciones cotidianas. Por ejemplo, cuando se pregunta a los miembros de una pareja qué porcentaje de las tareas domésticas realizan, la suma de sus respuestas suele superar el 100%. Esto no ocurre solo con los aspectos positivos, porque ocurre lo mismo si se les pregunta qué porcentaje de las discusiones empieza cada uno. De nuevo, el porcentaje total supera el 100%. Esta percepción inflada del propio aporte se debe a que estamos más expuestos a nuestra experiencia directa que a la de los demás.

Este sesgo se refleja también en cómo interpretamos el éxito. Un estudio con jugadores de hockey profesional reveló que muchos de ellos atribuyen sus logros al trabajo duro y al apoyo recibido de sus familias, pero rara vez mencionan un factor determinante: haber nacido en el primer trimestre del año. En países donde la edad define la categoría de competición, quienes nacen en enero o febrero suelen tener una ventaja inicial de desarrollo físico que se traduce en más oportunidades de entrenamiento y selección. Con el tiempo, esa pequeña ventaja se convierte en una gran diferencia. Sin embargo, la mayoría de ellos no es consciente de esta "suerte al nacer".

Lo mismo ocurre a una escala aún mayor: la suerte de haber nacido en un país rico. Una persona nacida en Burundi, con un ingreso bruto anual promedio de apenas 730 dólares, tiene escasas probabilidades de alcanzar el éxito tal como lo entendemos en los países desarrollados. A menudo olvidamos que nuestro punto de partida fue significativamente más ventajoso.

Algo parecido ocurre en el mundo del atletismo: un análisis reveló que siete de cada ocho récords del mundo se han batido con viento a favor. Es decir, cualquiera de los muchos atletas igualmente preparados podría haberlo conseguido, pero solo lo logró quien tuvo la suerte de que ese día el viento soplara desde atrás. La diferencia no fue el esfuerzo, sino el contexto.

Incluso en contextos donde el mérito es indiscutible, la suerte sigue teniendo un papel crucial. De hecho, es más importante cuanto más feroz es la competencia. Al proceso de selección de astronauta de la NASA de 2017, de entre 18.300 aspirantes, solo 11 podían ser seleccionados. Se hicieron varias simulaciones en la que se atribuía un 95% del criterio de selección al esfuerzo y un 5% a la suerte. El resultado medio de esas simulaciones fue que solo 1,6 astronautas fueron seleccionados exclusivamente por su trabajo o talento. Dicho de otra manera, casi 10 de los 11 seleccionados podrían haber sido otros, pero el azar les favoreció a ellos.

Este desequilibrio entre mérito y suerte también se observa en experimentos sociales. En uno de ellos, se reunió a varios grupos de tres personas para hablar de conflictos morales. Uno de cada grupo fue seleccionado al azar “líder” del equipo. Al final del experimento, se les ofrecieron cuatro galletas. En todos los grupos, había consenso en que la cuarta galleta se la debía comer el líder, a pesar de que este no tenía ninguna cualidad extra.

En otro experimento, a los participantes se les pidió reflexionar sobre un logro positivo reciente. A algunos se les solicitó que identificaran las acciones propias que habían llevado a ese resultado; a otros, que nombraran los factores externos. Al final, se les dio un dólar como recompensa, pero se les ofreció donarlo parcial o totalmente a causas benéficas. Los que habían reconocido los factores externos donaron, en promedio, un 25% más que los que habían enfatizado sus propios méritos.

Este patrón se repite en otro estudio en el que los participantes leían una biografía de un empresario exitoso. La mitad leyó una versión en la que en el último párrafo, el protagonista atribuía su éxito al esfuerzo personal; la otra mitad, una versión donde al final reconocía las circunstancias externas que lo habían favorecido. Aquellos que leyeron esta segunda versión evaluaron al empresario como más amigable y dijeron que sería más probable que entablaran una amistad con él.

El problema es que, muchas veces, no somos conscientes de nuestra suerte. Especialmente cuando ocupamos posiciones de poder, tendemos a pensar que todo ha sido fruto del esfuerzo. Es comprensible: tenemos acceso a nuestra experiencia de trabajo duro, pero no a las historias de quienes, con igual esfuerzo, no lo lograron. Esta falta de perspectiva nos lleva, en muchos casos, a compartir menos, a contribuir menos, y a no hacer nada para replicar las condiciones que nos ayudaron a triunfar.

Reconocer nuestras circunstancias no solo nos alinea con la realidad, sino que también nos vuelve más amables, generosos y más justos. Nos permite ver a los demás con más compasión, compartir nuestras oportunidades y contribuir a que más personas tengan acceso a las mismas condiciones que nosotros.

En definitiva, mientras estamos buscando el éxito en alguna circunstancia, debemos actuar como si no tuviéramos suerte: trabajar, persistir, mejorar. Pero cuando alcanzamos el éxito, debemos reconocer cuánta suerte hubo en el camino y hacer todo lo posible para multiplicar esa suerte para los demás.

Precisamente, esto es lo que pretendo yo mediante este proyecto personal que es DMPR. Cualquiera puede decir que hay mucha gente que ha llegado infinitamente más lejos que yo en este deporte. Pero hay muchos más que no han conseguido ni la mitad de lo que he conseguido yo. Como ya he dicho en algún otro artículo, soy una persona muy trabajadora, casi obsesiva. Pero gran parte de mis méritos han sido fruto del azar. Desde tener un equipo con nivel que me permitiera ganar medallas en relevos, hasta ser seleccionado por el equipo autonómico porque otra persona se ha puesto enferma. Este blog pretende aumentar la suerte de los demás acelerando la velocidad a las que se aprenden lecciones cruciales para el buen desempeño en el deporte.

NOTA: Salvo el último párrafo, el texto completo es prácticamente una transcripción del vídeo El Éxito ¿es Suerte o Trabajo Duro?. Del canal Veritasium. Desde aquí aprovecho para recomendarlo a todo el mundo. Es un canal de divulgación científica que trata temas de todas las áreas (física, química, matemáticas, biología, filosofía…) y explica de una manera visual, clara y divertida temas fundamentales sobre el funcionamiento del mundo y del ser humano.


 


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