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1. Disfruta


La natación, como cualquier deporte, puede ser exigente, agotadora e incluso frustrante. Pero en medio de esos entrenamientos interminables y las competiciones llenas de nervios, hay una verdad fundamental que solemos pasar por alto: cuando disfrutamos de lo que hacemos, sacamos lo mejor de nosotros mismos.

¿Por qué es tan importante disfrutar? Porque cuando uno se divierte en lo que hace, las sesiones de entrenamiento se vuelven menos pesadas; las competiciones, menos estresantes; y los retos, menos insuperables. Además, cuerpo y mente trabajan en mejor sintonía, lo que naturalmente mejora el rendimiento. Al final, el disfrute no es solo el "extra" que añadimos al deporte, es el motor que lo hace sostenible.

Al hacerlo, el cerebro libera gran cantidad de químicos que resultan placenteros: dopamina, serotonina, adrenalina, endorfinas… Estos son como gasolina super para el cuerpo. Son adictivos y actúan como catalizador para todo lo demás. El cuerpo nos va a pedir más de estas sustancias y nos va a motivar a volver a hacer las cosas que han hecho que las produzcamos.

Cuando disfrutamos de lo que hacemos, entrenamos mejor, competimos mejor y nos recuperamos más rápido de los momentos bajos. Y cuando obtenemos buenos resultados, es más fácil seguir disfrutando. Es una rueda de retroalimentación positiva que, una vez construida, nos acompaña durante toda nuestra carrera deportiva.

Puede parecer difícil hacer que esta rueda empiece a girar, pero la recompensa por conseguirlo es increíblemente agradable. Es como una hoguera. Aunque implique cierto esfuerzo encenderla, una vez lo hemos conseguido, nos da calor en los días más fríos y luz en las noches más oscuras.

Por supuesto, habrá días lluviosos en los que esta hoguera brillará menos, y tendremos que esforzarnos más para mantenerla encendida. Tendremos que buscar más leña para avivar el fuego o protegerlo del viento. Pasaremos miedo y nos agobiaremos por no conseguirlo fácilmente. Pero necesitamos hacerlo. Porque, como he dicho, es lo que nos hace seguir adelante.

El disfrute no es solo una emoción, también es una decisión constante. Es buscar continuamente las maneras de alimentar la llama que nos mantiene nadando con motivación día tras día.

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