Da igual el nivel de cada uno. Todos vamos a pasar por rachas buenas y rachas malas en nuestra carrera. Esto es completamente normal. A medida que crecemos, nos vamos haciendo más altos y fuertes, nuestra técnica se pule poco a poco y cada vez tenemos más experiencia.
Pero eso es solo la parte bonita del espectáculo. Cuanto más nos acercamos a la vida adulta, más exigentes son nuestras responsabilidades, llegamos más cansados del día al entrenamiento y le sacamos menos provecho. Además, es más probable que un tema personal (un examen, el trabajo, conflictos con nuestros amigos o pareja…) no nos deje estar centrados al 100% en la competición y nos salga peor. Por si fuera poco, la probabilidad de hacer un mal movimiento y lesionarnos es cada vez mayor.
La vida es un cóctel de todo eso (de lo bueno y de lo malo). A lo largo del tiempo, los ingredientes y proporciones de ese cóctel van a ir cambiando. Por lo tanto, habrá rachas en las que nos guste más su sabor y otras en las que no queramos beberlo ni aunque dependiera nuestra vida de hacerlo o no.
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